viernes 18 de noviembre de 2011

Pasado mañana elegimos Presidente

Bueno, para ser precisos no elegimos al Presidente del Gobierno directamente, si no que con nuestro voto elegiremos a los parlamentarios de los distintos partidos políticos que, a su vez, han designado a un candidato a Presidente del Gobierno. En realidad, dentro del abanico de partidos que proponen candidato sólo dos (PP y PSOE) tienen opciones reales de que su candidato pueda ser Presidente del Gobierno de España en la inminente investidura. A mi juicio, uno de ellos está, además, descalificado de antemano por haber cometido traición a su país (o únicamente por ser sospechoso de serlo), pese a que hubiera en el debate de TV un pacto de silencio sobre esta cuestión. De todas formas, este hecho no afecta a los bolsillos de este pobre y corrupto país, por lo que primará más la esperanza de una política económica acertada.

Según todas las encuestas parece ser que Mariano Rajoy Brey, de 56 años, será el próximo Presidente del Gobierno de España. De manera que la duda que deberá resolver las elecciones es si su partido obtiene o no la mayoría absoluta y, de conseguirla, con cuánta holgura. La situación en España es tan delicada que las medidas necesarias deben ser drásticas e incluso traumáticas. Porque más que medidas de recorte se necesita un cambio de modelo de Estado. Una reestructuración de lo público para que funcione mejor lo privado. Un reto similar a volver a meter la pasta dentro del tubo dentífrico. Y, francamente, dudo que ninguno de los grandes partidos esté verdaderamente concienciado del esfuerzo que se necesita hacer. Pues, cuanto más alto estás, más difícil es ver lo que se encuentra abajo. El Partido Popular se presenta ganador pero sin concretar para no perder votos. Y el PSOE, en lógico proceso de descomposición, necesita una regeneración para no acabar asentándose en el Grupo Mixto. Ni que decir tiene que yo no me caso con nadie, y que mi voto no está determinado de antemano, como norma, a una ninguna formación política. En mi caso, es simplemente una suma de mis valores, intereses y sentido común. 

Así pues, este domingo día 20 de noviembre estamos todos los españoles llamados a votar. Debemos decidir algo más importante que las caras de nuestros parlamentarios (del Congreso de los Diputados y del prescindible Senado). Y todos podemos aportar nuestro granito de arena. Por cierto, esperemos que la designación de la fecha de las Elecciones, el 20 N, sea la última ocurrencia de este Gobierno en funciones.


lunes 14 de noviembre de 2011

El famélico Cine Español


España goza en su haber de algunas obras altamente recomendables para los aficionados al buen cine e imprescindibles para aquellos guionistas, directores o montadores con un mínimo de cultura en la materia. Aunque por lo general, el cine español es un cine mediocre en el que abundan las películas grotescas, con malas interpretaciones, diálogos explicativos y, en general, carencia de verosimilitud. Rebuscando a lo largo de la historia del cine español se pueden encontrar, sin embargo, cintas muy interesantes. Con frecuencia modestas aportaciones en cuanto a producción cinematográfica se refiere, y recomendables por su sencillez, honestidad y calidad narrativa. Tal es el caso de Furtivos de mi admirado José Luis Borau o ¿Qué he hecho yo para merecer esto? del sobrevalorado Pedro Almodóvar (por citar dos ejemplos que me vienen a la mente). Pero sin duda Berlanga y Buñuel son los principales representantes del cine patrio por su prolífica y substancial aportación al mismo. Ambos son poseedores de esa forma de ver el mundo bajo un prisma elaborado y sutil, capaces de analizar y plasmar la realidad con esa cosquilleante ironía mediterránea.

El problema del cine español actual es que cuando se marchó el talento, llegaron las subvenciones. Es decir, que a la salud de todos los españoles se financian una selección de proyectos que llevan la "v", de visto, de nuestros políticos. Lo cual a mi juicio además de injusto y contrario a la libre competencia e igualdad de oportunidades, sólo favorece al cine amigo del poder y, de manera general, al clientelismo. La creatividad y el talento van por otros cauces. Aunque no niego que en la medida en que países como  EEUU o Francia (grandes productores de cine) emplean mecanismos de promoción y protección, es razonable aplicar también en el cine español algunos mecanismos en función de una lógica reciprocidad. Pero la base de todo proyecto cinematográfico (o de cualquier otra industria) debería ser en esencia que el producto que se ofrece merece la pena, y no depender de subvenciones o contactos políticos para que unos proyectos primen sobre otros.

El cine que debería proliferar, a mi juicio, es aquel en el cual la historia que se pretende contar es interesante porque ilustra con talento una realidad, la parodia o nos adentra en una realidad ficticia sugerente. En definitiva, ¿la historia que se pretende contar tiene un notable interés? O no teniéndolo a prori, ¿está contada de forma tal que el resultado final lo sea, porque la creatividad y el ingenio se han puesto al servicio del modo en cómo se cuenta esa historia?




viernes 18 de marzo de 2011

La Lengua de Shakespeare

Que no haya mal interpretaciones, estoy orgulloso de mi lengua. El castellano o español goza afortunadamente, por su historia y actual representación, de una merecida reputación como lengua, alrededor del mundo. Pero, es que, al mismo tiempo, no puedo dejar de reconocer mi pasión por la lengua de Shakespeare

Una de las dificultades que entraña el conocimiento de una nueva lengua, es el uso de los determinantes. Saber si el substantivo al que acompaña el artículo es de género femenino, masculino o neutro, sólo es posible a través del estudio exhaustivo o de la experiencia en el uso de una lengua. Como sucede por ejemplo, cuando un castellanoparlante estudia la lengua alemana (con sus dichosos artículos der, die y das). Con nuestra lengua materna no somos conscientes de lo complicado que puede resultar tan sencilla operación, porque la aprendimos desde niños de manera natural. De hecho, esta dificultad se puede observar cuando la lengua se establece en otras regiones. Como el caso del español en Latinoamérica, donde son habituales "errores" en la utilización del género como por ejemplo la frase: "Se echa el harina en el sartén".

En inglés hay un único artículo determinado para los tres géneros que también sirve para los plurales.  Así de simple. Es cierto que, como cualquier otra lengua, tiene sus particularidades, y no todo es un jardín de rosas, como por ejemplo, el hecho de que existan casi tantas normas como excepciones a la hora de pronunciar correctamente una palabra. Pero, la simplificación en las construcciones gramaticales es sin duda, una de las principales virtudes, para mi gusto, de la lengua inglesa. Sirva también de ejemplo, el hecho de que no distingan entre "tú" y "vosotros". En inglés es simplemente you.  

Otra característica que me parece muy interesante del inglés, es la cantidad de verbos y substantivos onomatopéyicos que utilizan. Por ejemplo, clang, es el sonido resonante que se produce cuando un metal colisiona con una superficie determinada, como otro metal.  Y sizzle, es el sonido que se produce cuando, por ejemplo, el bacon empieza a retorcerse en el pan. 

Y, por último, mi favorita, que consiste en que casi cualquier nueva palabra (aunque sea un nombre propio) es susceptible de convertirse en un verbo de pleno derecho. Are you googling my article?



jueves 17 de marzo de 2011

Menos es Más

Las aguas están revueltas. Hay empresas que desaparecen porque no tienen unos cimientos sólidos. Otras porque están especializadas en un producto o servicio cuyo ciclo de vida ha concluido. Otras, porque recortan tanto los gastos variables que terminan frenando la actividad de la empresa. Y, bueno, casos de todo tipo, claro. Pero, lógicamente también los hay audaces que saben moverse con convicción y emerger, o fortalecer su posición, en el mercado. ¿Qué cómo es posible qué unos lo vean tan claro y otros no sean capaces de diferenciar el trigo de la paja? Quizás, porque hay demasiados elementos que nos distraen de lo realmente importante. Quizás, porque nos hemos acostumbrado a hacer las cosas de una manera y ahora formamos parte del problema. Porque carecemos de la perspectiva necesaria para ver que nos estamos equivocando. A veces, las cosas no son tan complicadas si sabemos ceñirnos a lo que es fundamental. 

Me gustaría contar una anécdota personal como ejemplo para ilustrar lo que escribo.

Como parte de mis estudios empresariales tuve la enriquecedora experiencia de estudiar durante 2 meses de verano en un campus universitario del estado de Nueva York. Allí tuve la suerte de tener a un profesor de Business Communication sensacional. Cuando este hombre hablaba se producía una auténtica y completa interacción entre él y cada uno de nosotros (o al menos eso pensé yo). Era sorprendente ver la misma preocupación en el contenido en sí, que en que el mismo fuera recibido y asentido por los estudiantes. Y cuando se truncaba la comunicación, él se detenía hasta que la misma era restablecida. El segundo día de clase recuerdo que dos compañeros empezaron a hablar en voz baja y nuestro profesor de comunicación empezó a rodar por el suelo recuperando rápidamente la atención de todos y cortando de raíz la conversación de los compañeros. Eso era interactividad es estado puro.
Ese mismo profesor nos encargo un trabajo de síntesis periodística. Debíamos resumir al máximo los principales puntos de un tema de nuestro interés que encontráramos en un artículo de periódico. A mí me pareció captar a la perfección lo que había escuchado en clase. Sin embargo, a la semana siguiente cuando mis compañeros empezaron a dejar los trabajos encuadernados encima de la mesa del profesor, mis constantes vitales se alteraron considerablemente. 
Yo había ido a clase con un trozo de periódico recortado aproximadamente de un tamaño A5, sobre el que había hecho algunas anotaciones. Es decir mi pedacito de periódico con anotaciones manuales era mi trabajo. Tras analizar la situación vi que no tenía otra alternativa mejor, y decidí presentar lo que tenía. Debido a mis dudas fui el último en colocar mi trabajo, aunque no lo coloqué encima del resto de mis compañeros, si no entremedio de éstos. Así es que... ya estaba hecho. No había vuelta atrás. 
Cuando el profesor pronunció, como pudo, mi nombre, creo que resbalé mi trasero sobre la silla quedando casi oculto a su alcance visual. Pero, la sorpresa, fue que cuando el profesor anunció mi nota: "A+". Fue la nota más alta de la clase (y la más alta según su sistema de puntuación). Y, en realidad, lo único que había hecho era escuchar y entender al profesor. Me pareció tan simple y tan gratificante. Toda la ecuación era esa. Menos es Más. 



Tengo un Real Decreto para Usted

Embriagadores aires de libertad se respiran con cada decisión que toman nuestros gobernantes. Un gobierno maduro para un pueblo inmaduro. Se podría extraer como conclusión. Sin duda, un tutela a nuestra medida. Aunque también cabría pensar, que el intrusionismo del Gobierno, en cada vez más parcelas privadas, supone una minoración de nuestra libertad, y por tanto de nuestra calidad de vida.

Todo es por nuestro propio bien, claro. Pero, aún así resulta molesto que alguien se meta en tu casa para decirte qué debes comer o beber, qué luces puedes encender o a qué hora tienes que irte a dormir (esta podría ser la próxima medida para ahorrar energía).

Todo esto podría resultar muy divertido, si no fuera porque esas campañas de recomendación a los imberbes ciudadanos se realizan mediante campañas publicitarias. Y, claro, alguien tiene que pagar esas campañas. Efectivamente, las pagamos los españoles con nuestros impuestos. Entonces, ¿puede que con la galopante depresión económica que padece nuestro país, nuestro Gobierno nos esté cobrando por hacernos recomendaciones? 

No puede ser. Eso sería casi tan disparatado como, en plena crisis, pintar las fachadas de los ayuntamientos de nuevos colores o volver a asfaltar las calzadas. En cualquier caso, prefiero las recomendaciones a las prohibiciones. Claro, que no se puede hablar de las prohibiciones de este Gobierno sin hablar de los Reales Decretos. Y es que Zapatero, como un tonto con un lápiz, descubrió que se podía pasar por el arco del triunfo el resto de opiniones discordantes cuando descubrió semejante "juguetito".

Algunas prohibiciones (o cruzadas) que recuerdo y, desde luego, imprescindibles para salir de la crisis han sido: legislar contra la "comida basura"; quitar los crucifijos de los centros públicos de enseñanza, limitar el libre flujo de información (sin fines lucrativos) de la comunidad internauta; obligar a habilitar o construir zonas para fumadores en locales de restauración, para luego decirles "que no, que era broma, que está prohibido del todo"; prohibiciones de tráfico, como la de no superar la velocidad máxima de 110 Km/h en autovías y autopistas; y así hasta 87 decretos-ley.

Quizás los españoles seamos un poco burros y estemos por civilizar. En eso le tengo que dar la razón a Zapatero. Pero, ¿a qué viene tanta prisa por imponer las cosas a la fuerza? Acaso, no sería mejor invertir lo suficiente en una educación cívica y sólo sancionar en casos extremos. Además de la falta de educación, me da la sensación que hace falta sentimiento de unidad y respeto por los bienes colectivos. No hay más que ver la manera en la que está respondiendo el pueblo japonés ante la devastadora tragedia que han sufrido estos días.

No sé, creo que es fácil decidir e imponer acciones restrictivas sin el concierto de los demás, pero si se consigue implicar a la gente haciéndola partícipe, se podrían encontrar con la sorpresa de que el propio pueblo ayuda a que las cosas se hagan correctamente.

Por cierto, ¿no recordáis con nostalgia aquellas señales, de placa cuadrada azul y blanca, recomendando una velocidad determinada?


miércoles 16 de marzo de 2011

Resistencia al cambio

Esta semana escuché en la radio que los valencianos nos encontramos entre los españoles menos dispuestos a cambiar de residencia. Esto me hizo reflexionar sobre la esencia del hombre y sus necesidades vitales. Sobre si el hombre sedentario lo era de forma natural o luchaba en contra de sus instintos. ¿No era el camino lógico del ser humano ser nómada, como ya lo eran nuestros antepasados más lejanos? ¿No es algo que, en definitiva, determinan las circunstancias?

La vida es un proceso de cambios constantes. Algo vivo se mueve, cambia. Y, cuando hay un problema, una señal de alerta, en definitiva una crisis, hay que moverse más, y de una manera diferente.

Pero adaptarnos a las nuevas circunstancias siempre implica renunciar a algo, y esa es la parte dolorosa. Esa inseguridad, ese sentimiento de pérdida, y en ocasiones, la idealización del pasado, nos impulsan a resistirnos al cambio.

Un cambio que se puede afrontar mejor si se hace con una actitud pragmática. Y ante el que sólo caben tres acciones posibles y consecutivas: reflexión, decisión y acción.

La reflexión es ese proceso de pensamiento sistémico o analítico en el que hacemos un balance previo para razonar la posterior toma de decisiones. Es recomendable analizar por escrito y de manera organizada las ideas para ayudarnos a tomar la decisión más conveniente. Se puede utilizar, por ejemplo, el análisis DAFO (SWOT en inglés). Este análisis consiste básicamente en la realización de un listado organizado en 4 bloques en el que colocaremos las Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades. De esta forma, podemos, una vez este completo el cuadro, centrarnos en el esquema en el que hemos simplificado los puntos más importantes, en lugar de tener las ideas vagando por nuestra cabeza.  

La decisión, en realidad, no es más que un puente entra la reflexión y la acción. Es el título del relato que queremos contar, tras haber analizado sobre qué queremos escribir y cómo vamos a hacerlo. Y la acción es el desarrollo de ese proceso de escritura. Es decir la puesta en marcha de nuestra decisión.

miércoles 9 de marzo de 2011

Prospecciones Petrolíferas en la Comunidad Valenciana

¿Cómo puede uno mostrarse indiferente ante una clara amenaza sobre el turismo, el bienestar y la prosperidad de su propia tierra? ¿Cómo es que no se están produciendo manifestaciones más contundentes en contra de dichas prospecciones? ¿Cómo puede el gobierno valenciano afirmar que en cuanto supo que se habían aprobado las prospecciones envió una carta al Ministro de Industria? ¿Por qué envió el señor Cotino una carta, y dió por buena la respuesta del Ministerio al cabo de un mes? ¿Es acaso un asunto para cartearse? ¿Contenía, acaso, versos o poemas amorosos dicha carta? ¿No hubiera sido mejor armar la marimorena, presentándose por ejemplo, el gobierno valenciano en pleno, en casa del señor Sebastián? ¿A caso es un tema secundario o poco importante? ¿Somos los ciudadanos ignorantes y alarmistas sobre las consecuencias que podría acarrear para nuestras playas y parques naturales realizar prospecciones petrolíferas como las que pretende nuestro querido gobierno central?